La política, la corrupción y la democracia

Lo que está pasando en estas últimas semanas en nuestro país constituye un grave peligro y una seria amenaza para dos elementos que tendrían que representar y constituir pilares básicos de la convivencia y de un sistema garantista de las libertades y de los derechos fundamentales. Me refiero evidentemente al tema de la corrupción -que se prolonga y se complica con el paso del tiempo- y, más en general, a la también prolongada crisis de la política, de los partidos y de los mal llamados ‘políticos’.

La suma y la mezcla de ambos elementos son minas en el mar de la democracia. Sin embargo, para desactivar estas minas, la defensa de la democracia constituye nuestra arma fundamental. Cualquier intento o apuesta para otras vías conduciría sin duda a paisajes desconocidos y peligrosos.

Es este el momento en el que la ciudadanía tendría que jugar un papel fundamental y, más allá de la pertenencia o adscripción ideológica de cada cual, unirse en la defensa de los principios fundamentales y básicos de la democracia. Esta partida no puede jugarse solamente entre jueces, partidos y medios de comunicación. Se necesita un árbitro y este solo puede ser una ciudadanía capaz de reivindicar la justa e inmediata aplicación de las normas existentes (y seguramente mejorables). Los movimientos y las redes sociales de los últimos años, los indignados, las organizaciones como las del movimiento vecinal y personas a título individual tienen que ‘salir a la calle’ y hacer sentir su presencia y su voluntad política para una auténtica democracia y romper de algún modo la entropía de los aparatos y de la burocracia partidistas.

Personalmente, de manera provocadora si se quiere, creo que mucha gente que es crítica con los partidos y con la política en general, tendría que entrar directamente en ella y en los mismos partidos produciendo un corto circuito en su manera de funcionar, planteando abierta y claramente la necesidad inmediata de cambios profundos en su manera de ser y en su manera de funcionar. Soy consciente de la provocación, pero me aterroriza la idea de un descrédito creciente de la política en general y del principal instrumento de la vida democrática –hasta que inventemos otros- que son los partidos. Necesitamos mucha más gente haciendo política activa y mucha más gente militando. La solución no pasa por el abandono de la una y de los otros y, sobre todo, no pasa por el abandono de los principios democráticos fundamentales, aquellos principios por los que mucha gente luchó y que una horrible gestión no puede hacer que terminen en la basura.

Marco Marchioni                                                                 11 de Julio de 2013